domingo, 20 de noviembre de 2016

El camino del vino, BODEGAS ALVEAR.


Historia de bodegas Alvear

La Familia Alvear arranca en la antigua merindad de Trasmiera de las montañas de Burgos. Desde la primitiva casa solariega, en San Miguel de Aras, llega a Nájera a principios del siglo XVI y desde allí a tierras cordobesas.
Juan Bautista García de Alvear y Garnica nace en Nájera (La Rioja) el 18 de julio de 1.657. Este personaje fue alcalde del Estado noble de Nájera, y cuando ejercía esta actividad fue destinado a Córdoba como Administrador de las Rentas Reales. Se casa en segundas nupcias con una noble señora cordobesa y después nace Diego de Alvear y Escalera, el primero de la saga.
Diego, se traslada a Montilla y allí, más cerca del cielo y de la tierra, verá nacer su afición por el campo. Una pasión que le sitúa en la viña y en el vino cuando en 1.729 construye la bodega Alvear. Una bodega pequeña y disimulada en el apretado laberinto de Montilla. Este breve recinto de botas y tinajas será su universo íntimo.
Con el tiempo, va adquiriendo una gran extensión de tierras en la zona que le convierten en uno de los mayores propietarios de la ciudad. Con su hijo Santiago impulsa la bodega hasta metas desconocidas en Montilla, cuando logra llevar un cargamento de vinos a Inglaterra a finales de ese siglo.

De sus sucesores destaca Diego de Alvear y Ponce de León, que durante su existencia, desde el año 1.749 hasta el 1.830, que compaginó su vocación vinatera con una azarosa vida militar y política habiendo sido capitán de la fragata “Mercedes”, hundida en la batalla del Cabo Santa María por los ingleses, hoy famosa gracias a la empresa caza tesoros Odyssey.
De aquélla época destaca por derecho propio la figura de Carlos Billanueva, asistente que Diego de Alvear y Ponce de León trajo de Argentina y quien llegó a convertirse en su capataz de confianza. Bodegas Alvear desde sus orígenes ha mantenido siempre una vinculación entre España y Argentina, vinculación que sigue vigente en nuestros días.
Carlos Billanueva (C.B) marcaba con sus iniciales los mejores vinos provenientes de la sierra. De esta forma se fue creando el estilo Alvear que aúna moderación y homogeneidad de sus rasgos, todavía presentes en el Fino C.B., marca centenaria y la más conocida de la casa.
A lo largo de sus 284 años de historia, Bodegas Alvear ha conservado su carácter familiar, transmitiéndose la titularidad de padres a hijos de tal modo que, hoy en día, la propiedad de la empresa está en manos de la octava generación.
Todas las generaciones sucesivas han contribuido paulatinamente tanto a la modernización técnica de la bodega, como a la conservación de su  patrimonio arquitectónico.
Una bodega histórica que ha conseguido implantar la experiencia de una tierra y una familia. 
 Que gran historia, ni un libro de Perez Reverte tendría una historia como la real, como siempre la realidad supera la ficción, pues embuido d la historia, pasamos una jornada muy bonita, siempre me baso en la idea de que el fino es cultura, y lo es, empieza en la tierra, en la mata, en el mimo con que el agricultor trata la planta, para después sacar un bello fruto, racimos de uvas, de donde como hace cientos de años venimos sacando el preciado zumo de la vid.
En la antigüedad la santidad siempre venia acompañada del néctar, oro en Andalucía, sangre fuera de ella, a mi saber que montilla esta mas alta que córdoba me ha sorprendido, curioso ademas por ser la diferencia necesaria, sin ella el vino fino, no seria igual, cuan curiosa es la vida, y ahí pasamos la jornada, de una manera muy especial, entre olores, que pena da no poder hacer que esto diera una pista, es una visita muy recomendable, desde mi espacio dar las gracias a Mauro, Miguel y a Javier por el trato recibido, a la peña amigos de Escalante.